viernes, 21 de enero de 2011

POR SI NO LAS VISTE EN EL DOS MIL DIEZ

A los críticos de cine en general les gusta cuando el año está dando sus últimos coletazos o por el contrario empezando su camino, hacer una lista con lo mejor y lo peor del año, en cuanto a pelis se refiere. El dos mil diez no ha sido un año de grandes películas, más bien ha sido bastante pobre si comparamos la cantidad de películas estrenadas con la calidad de muchas de ellas, pero aún así siempre podremos rescatar unas cuantas que nos sorprendieron o que colmaron nuestras expectativas. Nosotros no somos críticos sino simples aficionados, pero no por ello vamos a dejar de dar nuestra opinión y gustos. Quizá no diferirán mucho del sentir común; da igual, aunque como en toda lista siempre hay mucho de subjetivo y gusto personal. En cualquier caso puedes escribir las tuyas que me encantará leerla.

Aprovecho el momento para invitar a los lectores y seguidores del blog a realizar sus comentarios, sugerencias y críticas con libertad. Quizá os gustaría tratar una película en particular o invitarme a que vea un clásico o recién estrenada y que hablemos sobre ella. A pesar de mis limitaciones con internet y mis breves conocimientos estoy dispuesto a hacer un poco más viva nuestra sección de cine, intentaré escribir sobre cosas actuales y sobre clásicos, y podemos arriesgarnos a realizar comentarios sobre alguna serie de televisión que os mole. Ya veremos.

Sin más aquí van algunas de las pelis que más me han gustado del pasado año…
Posiblemente, la cinta blanca es la película más cruda, lúcida y devastadora que se pudo ver en España a lo largo de 2010. Con un elenco sencillamente insuperable, el último relato del polémico Michael Haneke, experto en dejar aturdido al espectador, nos adentra en los terribles y misteriosos acontecimientos que azotan una población alemana poco antes de que estalle la primera gran guerra.
Una de las grandes sorpresas del año fue ese relato tan descarnado, intenso y emocionante, como el que logra orquestar Jacques Audiard en Un profeta. Extraordinario Tahar Rahim en la piel de un joven delincuente de poca monta, que debe transformarse en otra ¿persona? para sobrevivir en la cárcel. Sí, superior a la notable ‘Celda 211’.
El afortunado salto a la comedia de Fatih Akin fue otra de las mayores sorpresas del pasado año, que tuve la suerte de ver en uno de los viajes de avión hacia La India. La vida de Zinos gira en torno a su novia y su restaurante, el Soul Kitchen, así que cuando ella debe marcharse, él decide dejar el local a su hermano, recién salido de la cárcel, lo que da pie a numerosas situaciones desternillantes. Con el género por los suelos, machacado por los norteamericanos, se agradece este soplo de aire fresco. Quizá sea esta la peli que menos os suene, pero merece la pena.
Puede que no sea la mejor película de Christopher Nolan, ni una de las cinco más brillantes del año (mucho más discutible), pero resulta innegable que Origen ha dejado algunas de las escenas más impactantes del año. Elenco de auténtico lujo, impresionante banda sonora y un guion endiablado que ha provocado todo tipo de debates; son los ingredientes del blockbuster más espectacular e imaginativo de 2010.
Año tras año el estudio Pixar nos devuelve la ilusión del mejor cine, y 2010 no fue una excepción. Lejos de ser una simple secuela, la película de Lee Unkrich es una completa maravilla, la aventura más grande que se estrenó el año pasado, y el mejor cierre posible a la historia de unos juguetes que jamás olvidaremos. Toy Story 3 es de lo mejor que ha salido de Pixar a día de hoy.
¿Una película sobre Facebook? No, una película sobre la amistad, la ambición, el poder, la fama, el dinero, la traición y mucho más. Un guion formidable (desde luego, el que posee los mejores diálogos del año), interpretaciones increíbles y una puesta en escena impecable; el resultado es un fascinante retrato de nuestro tiempo que no creerás que te ha tenido sentado durante dos horas. Podría ser la triunfadora en los Oscars, La red social lo tiene todo, y David Fincher se merece ya el mayor reconocimiento de la industria del cine.
A mí la de George Clooney en Italia me gustó pues encontré notable, muy serio y elegante, el segundo trabajo como realizador de Anton Corbijn. Portentosa interpretación de Clooney en un thriller de sabor añejo con uno de los finales más tensos y amargos del año. El americano
Buried por ser de un español y por su protagonista exclusivo Ryan Reynolds, un actor en el que muchos no hubiesen confiado, entre ellos yo mismamente, y que, sin embargo, ofrece una buena interpretación que aterroriza especialmente con su ansiosa respiración. Un elemento a sumar al gran suspense conseguido, potenciado por un montaje que es obra del propio Cortés. Aunque puede que falte algo de emoción, el director, a diferencia de su protagonista, puede estar tranquilo: el resultado es más que recomendable. .
Y si me pidierais que os recomendara sólo una peli, no comercial, apenas conocida que ha tardado inexplicablemente dos años en llegar a los cines de España (yo la vi en la tele aquí en La India), y que me dejó pegado al sillón con cara de calamar… Two Lovers sería la elegida. Una peli de atmósferas, uno de los mejores dramas románticos que he visto en los últimos años. Su aire melancólico es excelente a la hora de plasmar la historia de un hombre que se debate entre dos mujeres. Le faltan cosas para ser redonda pero da igual porque me parece que crea una comunicación perfecta entre espectador y película, y tiene un final estupendo. James Gray es quien firma esta cinta que merece mucho la pena.

La última joya del año proviene de Corea del Sur, pero Poesía es un poderoso relato con muchas lecturas que encajaría perfectamente en cualquier país moderno (si hubiera tiroteos y explosiones, ya estaría en marcha el remake). En torno a la portentosa interpretación de la veterana Yun jung-hee, Lee Chang-dong nos habla de la belleza, la vida y la muerte, en nuestro amargo mundo cotidiano. Gran película.
Las siguientes se quedan fuera principalmente porque no las he visto, pero todo me indica que podrían estar perfectamente entre las comentadas arriba con algo más de detalle: Copia certificada de Abbas Kiarostami, El escritor de Polanski y Mr. Nobody de Van Dormael.
Espero tus comentarios y sugerencias. Jesús Baena.

martes, 11 de enero de 2011

Once duno dds monce

El uno de enero por la mañana después de los cuatro días de asamblea teníamos programado una excursión a lo que pretende ser, y con un poco de suerte lo será en el futuro, un parque de atracciones. Actualmente las atracciones se reducen a las acuáticas y poco más, así es que casi todo el día estuve bajo el agua y tirándome por un tobogán. Soy y seré una persona de agua que sueña con vivir un día en una de nuestras casas que esté al lado del mar, lo más próximo al agua, o ya puestos en plena arena… El día fue estupendo, no hacía fresco ni tampoco mucho calor y disfruté un montón, pero como en estas ocasiones sigo sin ser consciente de mi edad y mis limitaciones, supongo que por tanta agua y hacer el cerdote, me he pillado una buena, es decir, la garganta está perfecta pero los pulmones y el pecho no paran de expectorar y por las noches el concierto de sonidos agudos me recuerdan cuán limitado soy, hasta el punto que he dejado de fumar. Eso sí, no veo el día en que me recupere y volver a matarme lentamente.

Es la primera vez desde que llegué a La India que ando acatarrado. Poca cosa para casi dos años con todo lo que se camina descalzo aquí. Y no es catarro, es un poco de infección pulmonar por mi amor al agua. Y por primera vez cierro las ventanas por la noche porque hace fresco y me cubro con una sabanita, eh!, qué os parece? Aquí también tenemos invierno.

Ayer mientras dormía y supongo que debido a esta tos perruna soñé que el atlético ganaba uno a tres al Hércules, y creerme cuando os digo que pensé que era totalmente cierto. Me levanté un par de veces en la noche con la convicción del resultado y cuando poco antes de las seis miré en internet el resultado (el verdadero, no el onírico) mi decepción fue tan mayúscula que deseé la desaparición de muchos de los jugadores y que juguemos con la mayoría de canteranos que se pueda, y sólo dos o tres jugadores foráneos que merezcan la pena… Algo parecido me gustaría que pasara en La India más pronto que tarde. Puestos a equivocarnos, que sean ellos mismos quienes caigan y aprendan de sus errores y virtudes. Los demás, los que no tenemos una tez tan oscura, a dar lo mejor de nosotros mismos desde posiciones menos relevantes pero ofreciendo nuestro apoyo y consejo. En fin, quizás también sea otro sueño que pienso pueda ser cierto.

La asamblea transcurrió bien, bastante bien diría yo para el tiempo que tuvimos de prepararla. Es más, creo que ha sido hasta fructífera. El tema ha sido “la formación”, qué sino? Lo mejor es que pudimos traer a un tipo muy puesto en estas lides de la formación de jóvenes religiosos y nos regaló una conferencia con reflexiones acertadísimas, al menos para mí. También hubo exposición del estado general de las casas, de la economía, del viaje de nuestro provincial en busca de pecunia, y un poco de cómo queremos afrontar el futuro. Nada mal. El ambiente fue decente y aunque tuvimos algunos momentos fuertes, supimos decirnos cosas graves de una manera bastante educada para lo que hemos solido hacer en otras ocasiones. Porque aquí, o no se dice nada o se vomita sin pudor alguno. Vamos mejorando.

Y yo después de mis semanas de oscuridad y desaliento, de búsqueda de un poco de luz, no es que me encuentre al final del túnel pero siento que he encendido unas cuantas luces que me están ayudando a caminar. Tiene que ver con mi percepción de las cosas, con la recuperación lenta de las ilusiones perdidas, con dónde pongo mi felicidad. Tiene que ver con la idea de seguir caminando mientras confío que en su tiempo alcanzaré a llevar una vida en la que por fin disfrute y sea realmente feliz con lo que haga.

Mañana miércoles por la mañana celebraré la Eucaristía de rito indio. Es una pasada. Algún día espero celebrarlo con vosotros, o quizá mientras ando mi amado Camino de Santiago. Después de la Eucaristía es posible que Kus, nuestro provincial, se acerque por Eluru para hablar con algunos de la comunidad… Los motivos los desconozco pero ahora me dan igual.

El once me está trayendo estas cosas y algunas más. Y me gusta.

jueves, 6 de enero de 2011

queda un sitio para mi?


estaciones

Hace un mes en Kerala se celebró los votos perpetuos de cinco religiosos indios. No tenía muchas ganas de ir pero sabía que esta vez me tocaba, así es que lo dispuse para un viaje rápido de no más de cuatro días (casi tres se van viajando).
Los indios viajan mucho (un escritor decía que eran un pueblo semi-nómada) y creo que es totalmente cierto. El medio más famoso y popular sigue siendo el tren y es como otro mundo aparte dentro de la caótica India pero multiplicado. Los ríos de gente que van y vienen, las miríadas de personas que duermen o esperan mientras el siempre puntual retrasado tren llega ofrecen un colorido y ambiente único e inimitable. Junto a ella unos cuantos puestos que venden refrescos, té, café y algo de comida ayudan a sobrellevar la espera o atender al viajero que apresurado baja del vagón para comprar lo que no puede obtener en el tren. Da igual hacia donde mires, siempre habrá gente. Y luego están los que no se mueven o parecen vivir allí, niños de la calle que pasan el día en las estaciones mendigando o pidiendo dinero, hombres y mujeres de mediana edad que parecen ancianos y que han hecho de las estaciones su casa y su lugar de trabajo. Y allí todo convive en una extraña armonía, gente de toda clase social (podríamos descartar a los muchos ricos que hay y que viajan en avión) mezclada pero sin tocarse, un mundo donde todos aceptan a todos pero cada uno en su sitio y sin salirse de su papel… las estaciones de tren son una pasada y un ejemplo veraz si uno quiere conocer cómo es La India. Después está el viaje en sí que significa aún más, el contacto con gente de todos los estados de La India que viajan y viajan hacia casa de familiares y amigos, o a un templo famoso para rendir tributo y adoración a su dios o diosa. Y los hay tan famosos que miles (y me quedo muy corto) y miles de personas viajan en fechas señaladas atestando los ya abarrotados trenes dando lugar a esas imágenes tan características que alguna vez hemos visto en la tele o nos han mandado por internet de cientos de personas que intentan entrar donde ya no hay sitio para nadie, o eso parece. Es absolutamente increíble, una experiencia única y acojonante cuando te toca vivirla.
En el viaje de ida me tocó compartimento con dos personajes muy curiosos, dos hombres de unos sesenta años que viajaban al templo de Sudarbanath en Kerala donde miles de personas de toda La India van unos días a rendir culto. Este templo es de los más famosos y sólo abre sus puertas tres meses al año por lo que durante estos meses las carreteras y trenes se llenan de sus seguidores llamados ayyapas. Digo carreteras porque la peregrinación empieza andando por ellas hasta que llegan a una ciudad grande y allí cogen el tren. Los más devotos y acérrimos van vestidos completamente de negro y se someten a un período de abstinencia severo hasta completar la peregrinación. Con los dos que yo viajé eran lo totalmente contrario, dos tipos que a las puertas de la jubilación decidieron pasar unos días entre oraciones y juergas. Como el viaje es de unas veinticuatro horas, me es imposible no acabar respondiendo a todas sus curiosidades, especialmente si hablan un poco inglés. Yo, como trabajador social, pues así dice mi visa, les explico a qué me dedico mientras curiosos de otros compartimentos se acercan a escuchar. Lo mejor es que al cabo de un par de horas estos dos tipos ya me habían ofrecido comida, bebida y tabaco para el resto del viaje. Además, uno de ellos me aseguraba que si les iba a ver al templo, me proporcionarían juerga y mujeres, algo que se puede obtener a los alrededores del templo. Pasote.
La celebración de los votos perpetuos fue bonita y colorida, como suele ser aquí, larga, con muchos cantos… después se parte la tarta y a comer: arroz especial (briyani), varios tipos de curry, pollo, ensalada de frutas, lo típico pero muy rico. La tarde fue tranquila, deportes y rezo. Yo estaba alojado en la habitación de Pedro que es el superior y que se encontraba en Portugal por asunto del visado. Ojeando su estantería vi un libro de Paulo Coelho, escritor al que le tengo paquete sólo porque leí un par de entrevistas y no me gustaron, pero el libro se titula “The pilgrimage” y trata sobre su experiencia realizando El Camino de Santiago, y reconozco que pudo más mi devoción por el Camino que mis prejuicios, por lo que se lo cogí prestado y lo devoré en unos días. Me gustó y mucho a pesar de su mezcla de esoterismo, religión, leyenda y mito que en ocasiones me chirriaba, pero que en otras tantas ha alimentado mi convicción de hacer el Camino, solo o con alguien más, y hacerlo más pronto que tarde. Veremos.
La vuelta fue también curiosa en un vagón lleno de ayyapas, curiosos, preguntones pero sin problemas. Lo peor fue que todos durmieron con las ventanas abiertas y no pude dormir ni un minuto pues no llevé ni una triste manta. Surreal! Un extranjero pasando frío en uno de los estados más calurosos de La India y rodeado de indios que roncan a pierna suelta.

martes, 14 de diciembre de 2010

¡Qué bello es vivir!, Navidad 2010

Suena duro…, si, pero nadie se extrañaría si digo que el mundo no pasa por un buen momento y que un vistazo a las noticias sería suficiente para justificarlo. Decía que suena duro pero uno a veces piensa cuántas personas habría si al pasarle por delante cómo sería el mundo si nunca hubieran existido descubrieran que sería infinitamente mejor que con ellos en la tierra. Quizá muchas, demasiadas. Y se me podrá decir que quién soy yo para juzgar así, que quién define las reglas de lo que está bien y de lo que está mal, que quién decide, por ejemplo, que aquel que mata mejor sería que no hubiese nacido y aquel que roba o pega, o aquel que con sus actos provoca involuntariamente desgracia y dolor merece otra oportunidad. Así es que al menos me permito el pensar si el mundo sería mejor sin mi presencia, o mejor dicho, si el mundo estaría mucho mejor de no haber nacido.
La Navidad es un tiempo para mirar la realidad desde otra óptica, una invitación a creer en la bondad innata del ser humano sin que por ello tengamos que volvernos empalagosos y falaces; y para los cristianos concretamente, la oportunidad de dar a luz y de que el Nacido nos haga obrar de tal manera que el mundo sea más justo, más tierno y bendito, y a falta de otra palabra, que el mundo sea mejor porque estamos en él.
La película de la que voy a escribir me parece que habla de todas estas cosas, y lo hace de una manera sublime, maravillosa, sin artificios, de efectos casi mágicos. Una película que tras ser vista siete u ocho veces siempre se disfruta y nunca se ha tenido suficiente. Quizá porque la historia de George Bailey me resulta fascinante y mucho más rica de lo que aparece a simple vista. Hablamos de ” ¡Qué bello es vivir! “ ( F. Capra 1946).
Y la vida no es siempre lo que uno desea porque éste George Bailey, interpretado por un inmenso James Stewart, es un soñador que desea recorrer el mundo y que nunca lo puede llegar a hacer por el bien de los demás, por ser un filántropo. Pero la renuncia le saldrá cara, perderá su ilusión y vencido por la desesperación decide terminar con su vida y que la familia cobre el dinero del seguro. La aparición entonces de un extraño viejecillo (el ángel Clarence) con idéntica determinación de acabar también con sus días terrenales provocará que Bailey desista de su idea y le salve. Ha llegado el momento de conocer y ser protagonista de otra historia: la vida sin él.
No creo que haya otra película que emocione tanto y tan fácilmente como ésta. El comienzo es singular, con el diálogo entre dos astros de luces que hablan sobre una misión: salvar a un ser humano, a Bailey. Se nos presenta entonces su vida en un recorrido precioso desde su infancia y que está lleno de momentos memorables, cómicos y dramáticos (cuando el amor de su vida, aun niña, le confiesa en su oído sordo su amor, el por qué se queda sordo, el equívoco con la receta, todo lo que gira en torno al enamoramiento, o por supuesto, ese maravilloso “ ¿quieres la luna?”).
Ya de mayor, la peli nos muestra una de las características del cine de Capra: el dinero y la felicidad van por caminos separados. El rico es un amargado y aquí despreciable señor Potter (impresionante Lionel Barrymore). El pobre es feliz. De su enfrentamiento nacerá la desesperación que lleva al protagonista al borde del suicidio. Por entonces ya nos hemos enamorado de la vida de este hombre, de su vida completa, sin aristas ni lagunas, sin artificiosidades ni falsedades de ficción, la vida de un hombre común, luchador y extraviado, pero héroe a su pesar, un hombre que echa un cable a los más desfavorecidos de la sociedad, a los asalariados con más problemas para salir adelante. Lindo, muy lindo.
Y llega el tramo final, en el que el deseo de Bailey se ve cumplido, y transformado en pesadilla. Es uno de los mejores clímax de la historia del cine: Bailey comprobando cómo su vida, al igual que la vida de todos, afecta a todas las vidas que rozaron, y siempre de forma positiva, aunque observar a sus seres queridos incapaces de recordarle sea un duro trago para él. Menos mal que el ángel Clarence añade un poco de humor negro, porque es un bloque durísimo, descorazonador. Bailey, aterrado, deseará entonces con todo su corazón volver a vivir como antes, deseo que le es concedido y al regresar a casa, a su amado y cálido hogar, le esperará un pequeño gran milagro…
Bailey deberá conformarse con lo que tiene y aceptar una vida que antes menospreciaba, pero la óptica es radicalmente opuesta. Bailey descubre lo que verdaderamente importa y se da cuenta que había equivocado sus prioridades, que realmente, su vida ha sido valiosa y que tiene todo lo que podría desearse, una familia que le ama y un pueblo lleno de amigos, agradecidos y dispuestos a ayudarle cuando lo necesite. En definitiva, ha vivido, y tiene tiempo por delante para seguir haciéndolo, feliz y plenamente.
Y qué más podría deciros de “¡Qué bello es vivir!”, que es una de esas películas que hace amar el cine y a la vida misma, que nos transforma en algo mucho mejor con solo abrir un poco los ojos, que nos habla de que nunca es tarde, ni todo está perdido si tienes a gente cerca que te quiere. Y me encanta cómo transmite el concepto de un Dios preocupado y atento, que nos muestra lo mejor de nosotros mismos y a caminar por la senda, difícil y sacrificada, de aquel que opta por el bien común, por el amor al ser humano. Y entonces pienso que todo aquel que lea estas líneas se ve conmovido en su interior porque en realidad es una razón más por la que este mundo merece ser vivido aunque no te lo digas o no lo sepas. E imagino al que va a nacer, sonriendo y acostado en su cuna, satisfecho porque el mundo es mejor gracias a que estamos en él y en ÉL.
Feliz Navidad, Jesús Baena.

sábado, 4 de diciembre de 2010

ROSARIO FRONKONSTEEN

Sí, ya sé que todavía queda un mundo para la boda pero no puedo vencer la tentación de escribir unas líneas sobre una película que ha marcado nuestra relación desde que nos conocimos, y es así porque nos ha acompañado a lo largo de estos años quizá significando lo extraña y surrealista de nuestra amistad.
A veces y sólo por incordiar le digo a Rosario que busco las cosas que tenemos en común y no las encuentro, sus gustos musicales no son los míos, mi ropa le chirría, le encanta usar expresiones que me ponen del hígado, venera a esa salchicha que tiene por perro… en fin un buen catálogo para no ahondar en una amistad. Y sin embargo nada de eso enturbia una relación de años nacida a la luz del Camino y consolidada a través de la querencia y de aquello que resulta difícil explicar con palabras.

Dr. Frederick Frankenstein: ¿Sabe? No quisiera ser impertinente, pero soy bastante buen cirujano. Quizá podría ayudarle con esa joroba.
Igor: ¿Qué joroba?

Hay películas, no muchas, que bien servirían para una tarde sombría o más aún para esos momentos en los que estamos de bajón y la vida se torna gris. Puede que incluso Rosario se la esté recomendando ya a alguno de sus afligidos pacientes. Mire, vaya a casa y póngase a ver esta peli, “El jovencito Frankenstein” (“Young Frankenstein”, Mel Brooks, 1974) y verá qué pronto se le arreglan los males. Seguro que funciona porque hablamos de una de las comedias más disparatadas, delirantes, ingeniosas y divertidas de la historia del cine. Son de esas raras veces en las que todo cuadra a la perfección, con un encanto especial y quizá con la fortuna necesaria para dar en el clavo, o más bien debería decir en

“Vaya par de aldabas” “Gracias”

Y gracias debemos dar por habernos regalado esta joya cómica, género que ha sido pervertido por muchos, incluido Brooks, pero que en esta ocasión y en buena parte debido a un excelente guión escrito junto a Gene Wilder, rinde homenaje, parodia o revisa sin prejuicio alguno el mito cinematográfico de Frankenstein elevándolo a la categoría de milagro pues lo convierte con talento e ingenio a raudales en una de las más importantes películas sobre el monstruo, sin que las bromas y los gags visuales estorben a los momentos de suspense y horror, que también los hay y muy buenos, y sin que el tono manifiestamente gamberro diluya lo más mínimo la gótica atmósfera centroeuropea de clásico cuento de miedo. Soberbio.

Inga y Frederick encontrando cabezas en diferente estado de descomposición (muerto hace tres años, un año…) hasta encontrar la cabeza de Igor, que se pone a cantar, para desesperación de Frederick, que grita: “¡Aigor!”, a lo que Igor responde “¡Frodorick!”.

"Tenga, ayúdese, ayúdese" mientras Aigor pasa el cortísimo bastón a Fronkonsteen y este va y se "ayuda"... careto de Fronkonsteen

El punto de partida es magnífico, un científico prominente nieto del genio loco que no quiere ser relacionado con tal pero que no puede evitar la tendencia hacia el trabajo de su abuelo decide ahondar en el pasado y viaja desde Estados Unidos a Transilvania en tren tan ricamente. Antes, ya nos han avisado de lo que va a venir con unos elegantes pero desfasados títulos de crédito y una preciosa música compuesta por John Morris, y sobre todo con ese primer plano en lento travelling en retroceso donde nos muestra un reloj, la chimenea, el ataúd y el esqueleto del Barón aferrado a una cajita. El uso de la cámara y la luz es brillante. Después asistimos a la presentación del protagonista en una de sus clases prácticas que se ve acosado por un molesto alumno y que sirve para otro momento delirante cuando se clava el bisturí o los rodillazos en las partes nobles del esquelético hombre-prueba.

frankestein: de quién era ese cerebro? igor: A "noseque"... frankestein: A "noseque"? igor: A... normal.
¿Seguro que este es el camino? Igor: Al menos esta mañana lo era... y si no lo es, mala suerte
Podría ser peor... ¡podría llover!
O la escena con el ciego Gene Hackman o la del poli con los dardos
… sublime.

Y a partir de su llegada a Transilvania, nada más bajar, la legendaria aparición de Igor, o Aigor (genial Marty Feldman) con esos ojos saltones y estrábicos, su vocecilla y sus andares simiescos. Todas sus absurdas y surrealistas conversaciones. O la presentación de Inga o la impresionante Frau Blucher Hihihihi de los caballos y rayos y truenos…

Frederick Frankenstein? - No, Frederick Fronkonsteen - Y por qué no Frodorick Fronkonsteen?
Y cuando están transportando al cadáver y parados por un policía se le sale un brazo del monstruo con esa manaza, y empieza a limpiarse las uñas y a frotarse.

La creación del monstruo, un inmenso Peter Boyle, es espectacular y a la vez muy coñera, y sin perder un ápice de ternura asistimos a otra infinidad de delirantes gags, el baile, cuando le encierran y Wider entra solo para calmarle, y ese estupendo final de la historia tan perturbador como eufórico. Cientos de momentos que hacen de esta peli una joya que nunca nos hemos cansado de ver. Y aunque no sea cierto lo que dice la frase bailamos al son del ritmo marcado por el compás de una frase que Rosario y yo nos dedicamos mientras nos zambullimos en lo que seguirá siendo otra de las razones por las que nos queremos: el reflejo de un par de vidas a la luz del absurdo, delirante y maravillosamente tierno “jovencito frankenstein”.
“Nadie me quiere, nadie se preocupa por mí.. chachachacha..”

Con inmenso cariño, Jb.

Hacia donde me lleve el viento

Hace tiempo que no publico nada en el blog y sin embargo, en esta ocasión, no se debe a la razón habitual de mi inconstancia y dejadez sino a que me he dedicado a escribir a unos cuantos amigos, a realizar comentarios de cine, a mejorar mi método en la formación, a preparar materiales para el adviento, a reuniones de la comisión de formación para ir elaborando la ratio formationis para La India, visita del provincial… que junto a la vida ordinaria me han tenido ocupado últimamente sin darme mucha opción a sentarme y escribir pausadamente. Suena a innecesario o a excusa hacia nadie que no sea yo mismo, lo sé, pero quería empezar así, para recordármelo, para decirme que sigo en camino, para recuperar un poco de la luz que a veces siento perder. Recuerdo la última entrada del blog y mi aflicción, mi desencanto, y sin embargo terminaba diciendo que soy yo el que debo mirar las cosas desde otros ángulos. En este mes hemos tenido la visita canónica de nuestro provincial y la verdad es que acabé insatisfecho y un tanto decepcionado. Lo que pienso y lo que siento van por distintos derroteros pero ya voy tratando de armonizarlos y de hacer mi trabajo con suficiencia. Doy por bueno este tiempo de reflexión y de aclararme por dónde quiero tirar en mi manera de enseñar y vivir. Además, voy recuperando con alegría el gusto por la lectura, la constancia en mi estudio, la seriedad en la formación, el disfrute por escribir sobre cine, los amigos y mi familia, la sinceridad en la oración y la preocupación por llevar una vida comunitaria sana y equilibrada. Cosas que no debo perder de vista sino quiero que se me nuble el camino. Feliz Adviento.